Compartiendo el agua

Por: Andrea Parra

El 11 y 12 de marzo de 2016 tuve la oportunidad de facilitar un taller para talleristas con diez activistas que trabajan con la comunidad latina de Filadelfia.  El espacio fue organizado por Movimiento Nuevo Santuario de Filadelfia, una organización que reúne personas de diferentes filiaciones religiosas, que trabajan desde sus congregaciones por la justicia para las personas inmigrantes en los Estados Unidos. Entre lo que hacen está denunciar y combatir violaciones a los derechos humanos como la separación de familias a través de la detención y la deportación, la asociación de la policía  con las autoridades migratorias (ICE) y la denegación de licencias de conducir para las personas indocumentadas.

Una de las cosas que más me gusta de hacer tallerismo usando la metodología de educación directa desarrollada por Training for Change, es que siempre partimos de la premisa de que la sabiduría está en el grupo. Y en esta ocasión lo comprobé una vez más; desde la bienvenida al taller, varias personas compartieron historias muy poderosas de lucha e indignación relacionada con la situación de las personas migrantes en EEUU. Escuchamos historias de seres queridos detenidos en su propia casa delante de sus hijos e hijas, de personas que quedaron solas en el desierto cuando cruzaron la frontera y pensaron que morirían y también historias de cómo el liderazgo que han ejercido en sus comunidades implica abrir su casa para quienes han migrado recientemente, desarrollar mecanismos colectivos para suplir necesidades básicas para quienes lo necesitan y construir una fuerza política que no se calla ante las injusticias vividas.

Esta enorme sabiduría que estaba siempre presente en este grupo enriqueció la experiencia del taller. Los objetivos que planteamos para los dos días fueron:

  • Fortalecer las habilidades de tallerismo y diseño de talleres de los y las participantes;
  • Aumentar el número de herramientas experienciales que pueden usarse efectivamente en un taller;
  • Ganar más autoconfianza como tallerista;
  • Crear redes con más talleristas.

Todas las personas participantes estaban allí porque parte de su labor diaria es dirigirse a sus comunidades, tener reuniones con otras personas y familias migrantes que enfrentan múltiples barreras en su vida y trabajar con ellas para que se unan a esta fuerza política colectiva que lucha por sus derechos. Desarrollar maneras efectivas de facilitar grupos es fundamental para fortalecer el trabajo mismo que hacemos con ellos. No sirve de mucho decirle a un grupo lo que deben hacer sin que las experiencias de vida de quienes están allí aporten al conocimiento que construimos colectivamente.

Una de las participantes contó que antes de llegar al taller tenía dudas sobre qué íbamos a hacer por dos días (¡!) y compartió que hacía poco había ido a un taller sobre “liderazgo” y tuvo que sentarse por tres horas a escuchar al presentador sobre lo que era el liderazgo. Esta situación es lo que Paulo Freire llamó “educación de depósito”, es decir una educación en la que hay una jerarquía clara entre maestro y estudiante y la labor del maestro se limita a depositar la información en los cerebros de sus estudiantes, como si estuvieran vacíos. Desafortunadamente, esa es una experiencia muy común para quienes hemos recibido educación formal en América Latina.

La educación directa entiende que todas las personas en un grupo tienen mucho que aportar desde sus experiencias vividas. En este taller, usamos una herramienta llamada “El vaso de agua” en el que en una primera ronda, quien facilita tiene una jarra llena de agua y la reparte de manera desigual a los y las participantes, a quienes les ha dado vasos vacíos. Mientras la reparte dice: “yo sé tanto, tengo tanto que enseñarles”. En una segunda ronda, el o la tallerista pide que las personas repartan el agua con las demás. En este grupo, incluso quien tenías unas pocas gotas se aseguró de compartirlas. Esta actividad nos sirvió de metáfora durante todo el taller. Todos los grupos tienen sabiduría para ofrecer y usar una metodología que reconoce e invita la experiencia de las personas le da espacio a esa sabiduría para que enriquezca cualquier proceso de aprendizaje colectivo.

En el resto del taller experimentamos con diferentes herramientas que los y las participantes podían llevar de vuelta a sus comunidades, nos hicimos preguntas sobre lo que significa ser tallerista, compartimos historias de éxitos y errores y para mí, esos dos días pasaron volando. Me fui con el corazón esperanzado y sintiéndome honrada de haber sido invitada a ser testigo de parte de la lucha que muchos y muchas migrantes lideran en Filadelfia de una manera tan poderosa.

Para obtener más información sobre el trabajo de Movimiento Nuevo Santuario Filadelfia, visite: http://sanctuaryphiladelphia.org/?lang=es

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