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Globalizar la Liberación: 5 etapas para los movimientos sociales

George Lakey explica sus 5 etapas para los movimientos sociales. Un artículo de estratégia
publicado en el libro Globalizar la Liberación.

Globalizar la liberación: 5 pasos para los movimientos sociales

George Lakey, Talleristas por la Justicia/Training for Change (6/02)

Trad. Elsa Sánchez

Otpur (“resistencia” en serbio) comenzó cuando cientos, luego miles y después decenas de miles de jóvenes tomaron las calles para liberar a su país del dictador Slobodan Milošević. Impacientes ante las cautelosas medidas de sus antepasados pro-demócratas, los jóvenes se organizaron en cafés, bares y escuelas, colocaron grafiti casi en todo lugar, y utilizaron su acción en las calles para avergonzar al régimen.

Milošević contraatacó. Sus policías golpearon rutinariamente a los protestantes en las calles y, con más fuerza aún, en las estaciones de policía; sus espías se encontraban en todas partes. Su monopolio de los medios de comunicación provocó que los miembros de Otpur fueran referidos como vándalos y terroristas.

En octubre del 2000, Otpur resultó victorioso; en unión con miles de cientos de trabajadores y profesionistas, los jóvenes derrocaron a Milošević; su gobierno se encontró desorganizado; su policía, en confusión; su ejército, dividido.

Otpur tuvo una estrategia desde sus inicios. Los jóvenes fueron inmensamente creativos en sus tácticas dándose cuenta, al mismo tiempo, que ninguna lucha se gana simplemente por una serie de acciones. Los activistas de Otpur sabían que sólo podrían tener éxito creando una estrategia capaz de guiar a una amplia y descentralizada red de grupos.

Desde fuera, personas desconfiadas observaban incrédulas cuando los activistas de Otpur clamaban no tener un cabecilla; cuando los jóvenes expresaron ser todos líderes y compartir la responsabilidad de sus actos con una disciplina común. Lo que los escépticos pasaron por alto fue el poder de su estrategia como fuerza unificadora, en conjunto con la energía de rebelión y las lecciones recientes de la historia que los jóvenes compartían. Los activistas de Otpur no necesitaron un comandante clandestino que les dieran órdenes de marcha porque participaban de una estrategia en la que todos creían; ellos eran felices improvisando creativamente dentro del marco de su estrategia.

Bojan Žarković, uno de los capacitadores de Otpur, habló a su audiencia en el A-Space (café anarquista) de Filadelfia, sobre la creatividad ilimitada de los jóvenes serbios. Ellos podrían llenar una pared con periódicos llenos de sus ideas tácticas, dijo Žarković. Después, tomarían decisiones teniendo en cuenta su estrategia y también su preferencia por el humor y las bromas. El resultado fue que la campaña de los medios de comunicación pintándolos como terroristas perdió credibilidad. Si bien estos jóvenes vestían vaqueros negros, chamarras de piel negra y camisetas negras con el grabado de un puño cerrado, sus acciones tenían sentido del humor y hacían conexión con las personas. Los transeúntes que los vieron actuar (y regaron la voz), desacreditaron la descripción dada por los medios. “¡Ellos son nuestros muchachos divirtiéndose y, ustedes saben, están en lo correcto sobre Milošević!”, era lo que decían mientras compartían la noticia.

La Serbia de finales de los noventas fue en muchas formas diferente a la situación enfrentada por los activistas de los Estados Unidos o de otros países en aquel tiempo. Por ejemplo, Estados Unidos llevó a la OTAN a bombardear a Milošević, fallando en su intento de derribar su gobierno. En su frustración, Washington decidió apostar por los jóvenes rebeldes, patrocinando folletos y computadoras para Otpur.

Por consiguiente, la experiencia de Otpur puede estimular nuestro pensamiento. Dado que muchos activistas se encuentran cansados de una ronda sin fin de protestas que no parecen sumarse a ningún logro, el mayor regalo que los activistas de Otpur nos dejan podría ser su elección de unirse alrededor de una estrategia; ser creativos en las tácticas, y dejar que la estrategia indique cuáles tácticas tienen sentido y cuáles no.

Estrategia = Poder

Los jóvenes quienes comenzaron Otpur tenían una clara idea de cómo funciona la dominación. Ellos vieron a su sociedad como una pirámide con Milošević y sus compinches en la punta, en alianza con propietarios de negocios, líderes de partido y generales del ejército. La dirección del poder era típicamente vertical e incluía tanto represión de forma obvia (el ejército, la policía y la policía secreta), como represión sutil (monopolio de los medios de comunicación y control sobre los programas escolares).

Aquí es donde los activistas de Otpur divergieron del conocimiento convencional acerca del poder. Ellos notaron que cada capa de dominación era sostenida por una capa inferior; que las órdenes eran ejecutadas solamente porque aquellos en los niveles subyacentes estaban dispuestos a llevarlas a cabo. En lugar de aceptar la versión de poder vertical que Milošević quería hacerles creer, ellos decidieron retratar a la sociedad serbia organizada en pilares de soporte sosteniendo al dictador. Si los pilares se desplomaban, creyó Otpur, Milošević caería.

Esta visión alternativa del poder resultó tan central para Otpur, que fue utilizada en la capacitación de nuevos miembros. Todos los miembros recién llegados al grupo debían pasar por una capacitación para que así pudieran comprender la exitosa estrategia.

Debido a que aquellos en la cima del poder dependen de quienes se encuentran abajo para sostenerse, la estrategia de Otpur fue debilitar la dinámica de subordinación y finalmente romperla. Primero, Otpur necesitó preguntar, ¿cuáles son los pilares de soporte que la dictadura necesita?; después, ¿cuáles son las tácticas que debilitarán esos pilares?

Los activistas de otros países pueden seguir esta metodología para comenzar a crear su estrategia. Éste es sólo un ejemplo de cómo funcionó en Serbia. Un pilar de soporte para Milošević era la policía. Otpur sistemáticamente minó ese pilar. Los jóvenes activistas sabían que si peleaban contra la policía, reforzarían la lealtad de ésta a Milošević (apoyando también la acusación de la prensa que los catalogaba de vándalos y terroristas). Por esta razón, se capacitaron para responder de forma pacífica la violencia de la policía durante las protestas.

Una de las consignas que aprendieron durante la capacitación fue la de “Sólo duele si tienes miedo”. Tomaron fotografías de sus heridos, las ampliaron, las pusieron en carteles y los mostraron frente a las casas de los policías que los hirieron. Hablaron con los vecinos de los policías acerca de lo sucedido; llevaron los carteles a las escuelas de los hijos de los policías y hablaron con los niños sobre las acciones de sus padres. Después de un año de esto, la policía estaba claramente renuente a golpear a los activistas de Otpur, aun cuando recibían la orden de hacerlo, porque no deseaban las reacciones negativas de su familia, amigos y vecinos.

Los jóvenes de Otpur bromearon con los policías no uniformados que habían sido asignados para infiltrárseles y les recordaron que todos tendrían la oportunidad de actuar por la democracia. A través del firme alcance de los activistas, se construyeron relaciones con la policía incluso en los más altos rangos. Cuando el movimiento maduró en una insurgencia que tomó vuelo en Belgrado, muchos policías fueron enviados fuera de la ciudad por sus comandantes, mientras otros simplemente observaron como las multitudes tomaban posesión del edifico del Parlamento.

No fue fácil, como me comentó uno de mis amigos de Otpur, quien fue golpeado repetidas veces. Fue, sin embargo, algo simple; la estrategia guió a los jóvenes activistas a desarrollar tácticas creativas que removieron uno de los pilares clave en el soporte del dictador.

¿Puede esta visión alternativa del poder, funcionar en otros lugares?

Una razón por la que los activistas de Otpur trabajaron de manera tan efectiva en derribar los pilares de soporte de Milošević fue que su visión del poder había funcionado anteriormente en otras partes. Consideremos los sucesos ocurridos en el transcurso de la vida de los adolescentes de Otpur: el dictador filipino, Marcos, había sido derrocado por lo que fue llamado “el poder del pueblo” en 1986; el sistema de apartheid fue abolido en 1994 ; dictaduras comunistas habían sido derrotadas por el poder del pueblo en la Alemania del Este, Checoslovaquia, Hungría y Polonia en 1989; comandantes de la KBG y del Partido Comunista fueron detenidos por el poder del pueblo al intentar dar un golpe de estado en Rusia en 1991; un levantamiento pacífico masivo en Tailandia impidió que un general de alto rango consolidara su poder en 1993; el monopolio político regulatorio de los blancos en Sudáfrica fue quebrantado en 1994, después de una larga década de lucha pacífica. En todos estos lugares, los poseedores del poder vieron como éste se les escabullía cuando aquellos de los que dependían se negaron a continuar en ese papel.

Cuando de joven me encontraba tratando de descubrir el significado de esta visión alternativa del poder, tan diferente a lo que usualmente se enseña en las escuelas, me encontré con Bernard Lafayette, quien entonces era colaborador del Comité Coordinador Estudiantil No-violento (SNCC) del sur del Estados Unidos. Él me explicó la visión con una metáfora. Bernard me dijo que la sociedad es como una casa. Sus cimientos son la cooperación o conformidad de sus miembros. El techo es el estado y su aparato represivo. Me preguntó qué sucedería si los cimientos se demolieran. Siguió preguntándome, “¿Cómo cambiará lo que está ocurriendo si más armas, tanques más grandes y tecnología más sofisticada son colocadas sobre el techo?, ¿Qué pasará entonces con la casa si los cimientos se destruyen?”

Entonces entendí por qué esta visión alternativa no es promovida en las escuelas. ¿Los poderosos quieren que sepamos que el poder en realidad está en nuestras manos?, ¿que en lugar de permanecer intimidados por la policía, líderes corporativos, magnates de los medios de comunicación y políticos, las personas podemos darnos cuenta de que otorgamos el poder por consentimiento y podemos recuperarlo a través de la no-cooperación?

Ciertamente, los que poseen el poder quieren que creamos que la relación de poder es vertical, que debemos ser pasivos, que la violencia es la fuerza más poderosa. ¡No esperemos de ellos la declaración de un día festivo nacional dedicado al Poder del Pueblo!
Pero ellos no necesitan hacerlo. El uso de tácticas pacíficas para forzar al cambio tiene fuertes antecedentes que están llegando a la masa crítica. Por ejemplo, cientos de miles de personas de color han utilizado acción pacífica directa en campañas por más de un siglo en los Estados Unidos. En 1876, los afroamericanos en St. Louis organizaron los llamados freedom rides (viajes por la libertad) contra la discriminación en tranvías, por mencionar uno entre miles de ejemplos. En todo momento encontramos, alrededor de todo Estados Unidos, organizaciones comunitarias de personas de color comprometidas con la acción sin violencia: marchas, plantones, bloqueos de calles, boicots, desobediencia civil y actos similares. Podrían escribirse libros enteros sobre los sindicatos de personas de color, como los trabajadores de hospitales, trabajadores de hoteles y conserjes, quienes tanto se declaran en huelga como utilizan otro tipo de tácticas. Aunque nombres de personas de color como Martin Luther King y Cesar Chávez son más fácilmente reconocidos cuando pensamos en activismo no violento, y un mayor número de personas afroamericanas en comparación a de raza blanca participan en luchas pacificas, esto no es sólo “un asunto de negros”. Gente blanca en los Estados Unidos, especialmente de la clase trabajadora, también poseen un largo historial en el uso de tácticas no violentas al luchar por sus objetivos. El reto no es por lo tanto, animar a los diferentes grupos de personas a comprometerse en una lucha pacífica cuando se encuentran en levantamientos contra esta idea; el reto se encuentra en unir las luchas a corto plazo con otras de objetivos de más amplio alcance.

La no cooperación no es suficiente

Mis amigos de Otpur serían los primeros en admitir que una insurgencia masiva que derrota a un dictador no es suficiente; no lo es para establecer una democracia completa, respeto por la diversidad, instituciones económicas en armonía con el paneta, y otros aspectos de su visión. Una cosa es el crear un vacío político por medio de la no cooperación (un notable y honorable logro), y otra, el establecer firmemente la comunidad democrática que merecemos.

Por lo anterior, la estrategia debe llegar más profundo. Necesitamos ir más allá de lo ya hecho un sin número de veces en la historia (el destituir a gobiernos injustos por medio de luchas pacíficas), y crear una estrategia que construya a la vez que destruye. Necesitamos una estrategia que valide alternativas, apoye la experiencia de la libertad y expanda las prácticas de cooperación. Necesitamos una estrategia política que al mismo tiempo sea una estrategia comunitaria; una que diga “sí” a la innovación creativa en el aquí y ahora, y una la creatividad del hoy con la nueva sociedad que yace bajo un cambio en el poder.

Con la ayuda y cometarios de muchos activistas de varios países, he creado un marco estratégico cuyo objetivo es apoyar a los activistas de hoy, de la manera en que los activistas de Otpur fueron apoyados por su estrategia. Yo llamo a esto la estrategia para una revolución con vida.

La estrategia no sólo anima a crear nuevas tácticas y mayor audacia para usar lo mejor del pasado, sino también ayuda a que los activistas identifiquen cuales tácticas son las más efectivas. Por último, la estrategia otorga la dimensión de tiempo; sugiere que algunas de las tácticas que son ineficaces en cierto momento serán justo las apropiadas en otro. Ofrece una estructura orgánica de desarrollo en etapas a través del tiempo.

El tiempo importa. Activistas de otros países se han reído de los activistas de los Estados Unidos por nuestra notoria carencia de un sentido de la historia. Este marco de estrategia nos ayuda a vencer nuestras limitaciones culturales y aprender a pensar como los seres históricos que en realidad somos.

La estructura de la estrategia tiene cinco etapas:

  • Preparación cultural
  • Construcción de la organización
  • Confrontación
  • No cooperación masiva, política y económica
  • Instituciones paralelas

Las etapas están en secuencia, con muchas superposiciones. Como cualquier modelo, éste se encuentra simplificado con el propósito de hacer mucho más fácil su aprendizaje y su manejo. Una de mis formas favoritas de agregar complejidad al modelo es la de retratar a la sociedad como un cúmulo de subsociedades que responden a estas etapas en diferentes proporciones, lo que significa que los activistas pasarían por las primeras etapas una y otra vez. En realidad, seguir este modelo podría terminar más en una movilidad cíclica que en una progresión lineal. Pero eso será más adelante. Ahora, presentaré las cinco etapas en forma lineal, y me alegraré por aquellos lectores que obtengan una sensación de movimiento en el tiempo con su lectura.

Etapa 1: preparación cultural

Algunas personas llaman a esto el levantamiento de la politización o de la consciencia; algunos latinoamericanos lo llaman “concientización”. Coloco esta etapa en primer lugar porque para un cambio revolucionario necesitamos una nueva cultura. No podemos deshacernos de las jerarquías de dominación que se encuentran “afuera” si seguimos jugando juegos de dominación en nuestras mentes. Como Gandhi dijo, necesitamos ser el cambio que queremos ver y eso no es solamente un proceso individual, es un giro colectivo y cultural. Trabajadores culturales de todo tipo llegan a retarnos, o en su contrario, a apoyarnos totalmente mientras juntos construimos una cultura de resistencia. Esta etapa es un gran momento para los grupos de apoyo que nos ayudan a desaprender el racismo, el sexismo, la intolerancia religiosa, etcétera. Los grupos oprimidos tienen un gran trabajo por realizar en el manejo de los mensajes interiorizados que los limitan. Como hombre homosexual, por ejemplo, yo he interiorizado la homofobia que continúa reduciendo mi efectividad y mi habilidad para conectar con otras personas.

Uno de los aspectos en el que los activistas norteamericanos se encuentran limitados, en comparación con activistas de otras partes del mundo, es en la comprensión del clasismo. Esta es una de las formas de opresión menos visibles en los Estados Unidos y, por lo tanto, es un área de ignorancia entre muchos activistas. ¡Cuántas veces he escuchado a activistas, que nunca utilizarían comentarios racistas en referencia a transexuales o puertorriqueños, bromear sobre “cuellos rojos” y “basura blanca”! El clasismo va más allá del lenguaje; sin embargo, el que los activistas se unan a la opresión de la cultura dominante hacia los pobres y la clase trabajadora, influye en las tácticas para el estilo de la comunicación, en la dificultad de formar coaliciones, o inclusive al conocer personas en las calles. Si los jóvenes de Otpur hubieran mantenido una carga fuerte de clasismo, Milošević seguiría en el poder. Comprender mejor el clasismo inconsciente marcará una enorme diferencia en la habilidad de los activistas norteamericanos al trabajar por la justicia.

El jugo de esta etapa es la visión. La primera tarea de todo movimiento revolucionario es crear una visión de lo que los activistas quieren en sustitución del statu quo. La visión inspira a las personas a unirse a nosotros porque pueden contrastarla con los entretenimientos consumistas con los que los poderosos buscan distraernos de la crisis planetaria. La visión es inspiradora, no sólo porque clarifica lo que queremos, sino porque nos recuerda por qué lo queremos. La visión reduce la apropiación del movimiento, porque su integridad es una reprimenda contra un compromiso sin sentido. La visión construye la unidad, porque los desacuerdos tácticos y los choques de personalidad son menores en la perspectiva de nuestras metas.

El contenedor en esta etapa es la estrategia. Sin un contenedor, es muy difícil almacenar el jugo. Muchos activistas se reusarán a crear una visión debido a su desesperanza. Si no tengo una estrategia para hacer la diferencia, ¿para qué preocuparme por tener una visión? La estrategia está por lo tanto unida a la visión. Otpur tenía una visión clara y limitada de lo que podría lograr con su estrategia. Cuando pegaron carteles en blanco y negro por todo el país con la proclama “¡Está acabado!”; todos sabían (a) de quien se trataba y (b) que era sólo cuestión de tiempo.

Aquellos de nosotros para los que la visión va más allá de remover a los poderosos, hacia una transformación fundamental, necesitamos una estrategia mayor. Entre más estudiemos y participemos en el poder del pueblo a gran escala, nuestra estrategia crecerá con más fuerza y notaremos que muchos de sus aspectos están ya dentro del cuerpo político. Una gran estrategia contrarresta la desesperación. Una gran estrategia promueve la visión. La visión da forma a la estrategia. Nosotros necesitamos el jugo y el contenedor.

Etapa 2: formación de la organización

Como en el inicio de la etapa de preparación cultural, los movimientos revolucionarios comienzan esta segunda etapa en números pequeños. En el comienzo, serán pocas las personas que hayan trabajado lo suficiente en su opresión interiorizada e identificado la manera en que oprimen a otros. Pocos habrán desarrollado una visión compartida de una nueva sociedad y establecido acuerdos sobre una estrategia clara. Sin embargo, en cuanto esas personas emergen se encuentran unas a otras. Los seres humanos son una especie social. No hay nada más natural para las personas transformándose que el unirse a otras para formar organizaciones.

La organización es esencial para un movimiento de lucha porque sólo a través de ella es posible generar la fuerza suficiente para el cambio. Los movimientos de resistencia espontáneos no logran mayor cambio del que consiguen los disturbios ocasionales. Estos son testimonios que pueden ser apreciados en términos simbólicos pero que no modifican las estructuras.

Estados Unidos presenta una contradicción sorprendente cuando se trata de su organización. Por una parte, es conocido a nivel mundial por la abundancia de su “sociedad civil”, los millones de grupos voluntarios que aparecen en todos los niveles. Sólo en el área de mi vecindario en la ciudad, podemos encontrar diferentes grupos trabajando en escuelas, parques, seguridad, festivales culturales, protestas contra la elitización del área y docenas de otras causas positivas. Las personas de otros países que llegan a mi barrio a recibir capacitación para su activismo se sorprenden muchas veces por cuan dominante es en los Estados Unidos el remangarse la camisa para crear grupos de trabajo.

Por otra parte, los grupos activistas radicales pueden encontrar difícil el formar organizaciones. Nuestro propio idealismo puede ser un obstáculo. Queremos que nuestros grupos reflejen valores visionarios en lugar de los juegos de dominación que comúnmente plagan las organizaciones en la corriente dominante. Lo duro es resolver cómo realizar el trabajo al mismo tiempo que se es visionario.

Una de las glorias de ser un activista, es el lograr ver a través de los mitos y políticas de aquellos que tienen el poder. Colocamos un maravilloso ojo crítico sobre las declaraciones más recientes que provienen de lo alto y comúnmente nos diferenciamos de la corriente dominante por nuestra habilidad de desarmar la hipocresía y los engaños que los poderosos nos presentan.

No obstante, existe un lado débil en nuestro talento. Podemos apegarnos demasiado a nuestras habilidades, a nuestra postura crítica, y hacer de la diferenciación un hábito. Diferenciar puede convertirse en un acto compulsivo. Lo que los grupos más efectivos necesitan tanto como la diferenciación, es su opuesto: la unidad. Los grupos y movimientos sociales prosperan cuando dentro de ellos la diferenciación y la unidad están en equilibrio.
Cuando la unidad se convierte en un hábito, aparece la conformidad y el grupo no logra la creatividad necesaria para prosperar. Cuando la diferenciación se convierte en un hábito, el grupo no tiene la unidad necesaria para lograr algo significativo. Estas dos operaciones, unión y diferenciación, son como el acto de respirar: nosotros necesitamos inhalar y exhalar para poder vivir. Los grupos fuera de balance son como un individuo ya sea necesitado de oxigeno o hiperventilado.

La buena noticia es que los hábitos pueden cambiarse. Los activistas que retamos a la sociedad para conseguir el cambio también podemos cambiar. Cuando equilibremos las energías de diferenciación y unidad, será más sencillo tanto recolectar innovaciones organizacionales de otros lugares, como apoyar a los innovadores de nuestros propios grupos. También, encontraremos más fácil el superar las líneas de clase y raza, y hacer las conexiones que en el pasado han marcado la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Algunas formas organizacionales me parecen especialmente prometedoras en esta etapa: instituciones alternativas, grupos de afinidades comunes, redes de transformación y juntas radicales.

Las instituciones alternativas proveen un gran laboratorio para poner la visión a trabajar. Cooperativas de alimentos, editoriales, empresas cuyos dueños son sus mismos trabajadores, etc. Las alternativas pueden crecer mientras practiquemos conscientemente la unidad, tanto dentro de la alternativa como fuera de ella, con vecinos y círculos sociales adjuntos.

Así, aprendemos a innovar sistemas que son tanto fuertes como democráticos, altamente productivos y que apoyan a los trabajadores. Podemos respaldar a los genios organizacionales entre nosotros, quienes, aunque no siempre son complacientes, pueden entender las difíciles conexiones que permiten el trabajo en diferentes distancias y escalas.
Los grupos de afinidades comunes proveen una base para que individuos participen en un rango amplio de actividades: protestar, ayudar a plantar un jardín comunitario, entrar en un conflicto como barrera humana y evitar que personas resulten heridas, por dar ejemplos. Un grupo de afinidades comunes puede elegir trabajar en alguna campaña por un periodo de tiempo, agregando su energía y experiencia a la lucha y ejerciendo un papel educativo, o puede ser más dinámico en la formación de vínculos humanos para preparar la formación eventual de una coalición.

Las redes de transformación asisten más rápidamente a grupos para aprender unos de otros y ofrecerse ayuda mutua. En el cambio social, los grupos que tienen el nivel de aprendizaje más alto son aquellos capaces de hacer la diferencia. Las acciones ritualistas y las reuniones cliché de los viejos tiempos, no pueden responder al reto que representa un planeta en cambio acelerado. Mi suposición es que los gobiernos ya han estudiado la experiencia de Otpur más de cerca que los propios movimientos activistas. Los poseedores del poder quieren ir más adelante en el camino si les es posible y gastan recursos para lograr su meta. Los activistas, sin embargo, han efectuado un largo recorrido en las últimas décadas, aprendiendo como compartir información crucial de forma rápida.

A mi parecer, las juntas radicales basadas en identidad o política continúan siendo la clave, especialmente cuando mantienen el equilibrio entre las energías de diferenciación (el impulso básico de la junta) y unión (lo que le permite a la junta ser más que un coro de víctimas). He tenido la fortuna de pertenecer a juntas gay y de la clase trabajadora, donde nos brindábamos apoyo unos a otros para reducir la opresión interiorizada, al mismo tiempo que nos ayudábamos a cambiar las organizaciones de las que éramos parte. Al ser una persona banca, he sido bendecido al pertenecer a una organización nacional donde la junta de personas de color trabajó muy efectivamente, convirtiéndose en la dictaminadora de la agenda para el desarrollo organizacional de toda la organización. No obstante, las únicas organizaciones que he observado marchar de forma óptima han sido aquellas que han trabajado abiertamente, al contrario de otras que intentan funcionar encubiertas.

Es difícil pensar en un estilo organizacional que debilite a los movimientos más que el encubrimiento. Los movimientos pueden avanzar más fácilmente con jerarquías marcadas que con elementos invisibles en su interior. La más reciente manifestación de encubrimiento como estilo en los Estados unidos se encuentra entre el estilo del grupo de activistas contra la globalización, cultura de seguridad.

Adoptar una disciplina de ocultación puede resultar útil en algunos momentos y lugares, pero es una elección que necesita ser pensada cuidadosamente, especialmente cuando consideramos que no es algo necesario incluso en estados policiales. En los Estados Unidos, el cual Otpur consideraría lejos de ser un estado policial, cultura de seguridad daña al movimiento de varias maneras.

Uno de los resultados de cultura de seguridad es la eliminación de la confianza. Para ganar, los movimientos necesitan de expansión. Para expandirse, los activistas necesitan confiar en sí mismos, entre ellos y en las personas a las que se acercan. Piense en la última vez que alguien logró persuadirlo para que actuara. ¿Tuvo la sensación de que esa persona no confiaba en usted? Tal vez usted sintió lo opuesto, una sensación de optimismo y confianza en sí mismo y de esta manera, una vez teniendo la información, usted quiso participar.
Personalmente he visto a un hombre negro saliendo del movimiento con disgusto debido a lo que él consideró racismo blanco. De hecho, la hostilidad que percibió podría haber sido en otro caso debido a la desconfianza del grupo sobre la posibilidad de él fuera un agente secreto del gobierno. Este ejemplo muestra como la ocultación complica la vida del movimiento. La ocultación siembra la desconfianza. ¿Quién podría ser un agente?, ¿quién podría traicionarnos?, ¿en quién no debemos confiar? Las personas trabajando en cultura de seguridad no revelan sus nombres, censuran su interacción y se reprimen. Tal cautela es tóxica porque los activistas se alimentan unos a otros con miedo. El racismo blanco efectivamente existe donde los activistas blancos se reúnen porque hemos sido formados socialmente por una cultura racista. Cuando los activistas blancos colocan otras barreras para entrar al movimiento, como el miedo a los extraños, las barreras pueden percibirse fácilmente como racismo (el cual está de hecho relacionado con el miedo a los extraños).
Aun dentro de un contorno racial, la desconfianza reduce el crecimiento del movimiento. Una mujer de color lloró mientras me contaba sobre el rechazo en una junta de personas de color, la cual se negaba a proceder hasta que cada nuevo miembro, incluyéndola a ella, estuvieran respaldados por otros dos miembros: la institucionalización de la desconfianza. Cuando la desconfianza se institucionaliza, es muy fácil para los poseedores del poder contener el movimiento porque éste no puede reclutar miembros con facilidad fuera de sus propios círculos.

La cultura de seguridad reduce la habilidad de los activistas de acción directa para desarrollar y sostener alianzas. Los movimientos de acción directa que son exitosos aprenden a atraer alianzas. El rol del aliado es diferente al del defensor. El defensor trabaja para tomar la iniciativa y hacer girar la rueda; el trabajo del aliado es unirse y ayudar a empujarla una vez puesta en movimiento.

En la mayoría de las ciudades y pueblos de norteamericanos se encuentran activistas quienes simultáneamente son defensores de una problemática y aliados de otros defensores de temas distintos. Esta flexibilidad funciona bien y ayuda a generar un ambiente entre los activistas que permanece abierto a perspectivas radicales.

No obstante, debido a que la cultura de seguridad genera desconfianza, los protestantes dentro de ella han tenido malos momentos al confiar en aliados. Algunas veces entran a una confrontación con autoridad políticamente aislada, habiendo fracasado en la apertura de canales de comunicación con personas comprometidas en otros proyectos. Todo cae precipitadamente en el momento de represión por parte del estado, el cual es el momento en que los aliados son más necesarios y cuando se crea más confusión en el aire. Es entonces cuando algunos radicales, quienes se rehúsan a buscar y confiar en sus aliados potenciales, ordenan a los aliados: “confía en nosotros y haz X, Y y Z”. Cuando los aliados no acuden inmediatamente a ponerse a la orden, ¡los protestantes en apuros se decepcionan e incluso de enojan!

Si el hacer cultura de seguridad reduce la moral interna del movimiento, reduce su crecimiento potencial y daña las relaciones con sus aliados, ¿cuál es su sentido? Por un lado, el ocultamiento hace posible ciertas tácticas de acción directa que dependen del factor sorpresa. Podemos estar renuentes a renunciar a esas tácticas. Personalmente, yo disfruto de las emociones que acompañan a la conspiración y la intriga, y puede ser que no esté sólo en ello. El ocultamiento y el sigilo, que pudieran aparecer también en nuestro movimiento, fortalecen el límite entre una persona de dentro y un foráneo, exageran las distinciones.
Desafortunadamente, las agencias de seguridad de los poderosos también conocen el impacto negativo del ocultamiento en el movimiento, y trabajan para hacer de esto su ventaja. Inician con abundantes recursos para colocar espías y vigilancia electrónica. Entre más encubiertos estemos, mayores serán los recursos que estas agencias podrán demandar (incrementando por tanto la ya obscena cantidad de seguridad del estado). No sólo es una ventaja para ellos en el incremento del poder y afluencia de su aparto, sino que justifica su intento de infiltrar más de sus elementos en nuestras filas, quienes en ocasiones toman decisiones y ejercen liderazgo. Entre más conscientes somos de esto, nos volvemos más temerosos y confiamos menos unos en otros, lo que es maravilloso desde el punto de vista del estado. ¡Los poseedores del poder quieren fortalecer sus propios pilares y debilitar los nuestros!

Afortunadamente, nosotros podemos tomar decisiones diferentes. Podemos inspirarnos con la decisión del Comité Coordinador Estudiantil No-violento (SNCC), que en 1963-64 se organizó abiertamente en Mississippi, tal vez el estado más violentamente racista en los Estados Unidos en aquel momento. Los trabajadores del SNCC, en su mayoría negros, se enfrentaron con hombres que eran policías de día y parte del Ku Klux Klan por la noche. El SNCC vivió con frecuencia en Casas de Libertad, desprotegidas en el campo; no poseían armas y todo el mundo lo sabía; los agentes federales se reusaban a protegerlos; los medios informativos en Mississippi se encontraban en su contra al igual que la mayoría del clero. El SNCC sabía que sus miembros resultarían heridos, encarcelados, torturados y que algunos morirían; no fueron ingenuos al elegir su actitud contra la represión.

A inicios del Verano de la Libertad de 1964, tres trabajadores del SNCC, James Chaney, Michael Schwerner y Andrew Goodman, fueron asesinados para amedrentar a los otros miembros. Pese a esto, el SNCC se rehusó a entrar en la clandestinidad; ellos tenían una estrategia mejor. La decisión del SNCC expandió el movimiento en Mississippi y a lo largo del país, ganó aliados poderosos, y rompió con el dominio del racismo en ese estado. Yo retaría a cualquiera en el movimiento actual a que estudiara la actitud del SNCC contra la represión en Mississippi el verano de 1964, y después explicara por qué nuestro movimiento debiera seguir la cultura de seguridad. La opción más convincente es la apertura.

Etapa 3: la confrontación

La preparación cultural y la formación de la organización son periodos de cierta expansión del movimiento revolucionario, dependiendo en gran parte de factores históricos fuera de nuestro control. Pero esas dos etapas no llegan todavía a la acción masiva con contenido revolucionario. Las protestas en masa que ocurren esporádicamente, usualmente contienen una visión muy corta de la esencia de una nueva sociedad; su nota principal es decir “no”, por ejemplo, a la Organización Mundial de Comercio, con mucha vaguedad acerca del contexto más amplio.

El propósito de la tercera etapa es el rápido crecimiento del movimiento revolucionario en sí mismo, hasta el punto en el que las personas involucradas sean suficientes para poder entrar en la cuarta etapa y poder debilitar seriamente los pilares de soporte de los poseedores del poder.

Esta tercera etapa es un enorme y prolongado espectáculo dramático. La audiencia se compone de un público en su mayoría desinteresado. Los actores son los “chicos buenos” (nosotros) vs. “los chicos malos” (la policía, el ejército, los jefes corporativos, vigilantes). El contacto previo del movimiento con el público se ha vuelto más vívido en nuestros días debido a que se encuentra encendido por un conflicto conocido. El público está más motivado a prestar atención, meditar sobre la problemática y decidir cómo comprometerse.
Aunque todavía no ha habido un movimiento social que haya pasado a través de estas cinco etapas de una forma consciente, existen muchos ejemplos de movimientos que usaron una escala menor de confrontación para mover una no cooperación masiva. En nuestros términos, de la etapa tres a la cuatro.

Otpur sabía que los medios de comunicación se encontraban en su contra y organizaron sus confrontaciones con esto en mente. En vez de concentrarse en pocas protestas a larga escala en lugares estratégicos, que inevitablemente se convertirían en eventos públicos cubiertos por los medios (¡una gran desventaja!), ellos prepararon innumerables protestas pequeñas y breves. Se concentraron en acciones alegres y traviesas que usualmente se burlaban del régimen, y las llevaron a cabo en lugares donde un amplio número de transeúntes podía verlos. Los transeúntes veían también como los jóvenes eran golpeados por la policía y para el siguiente día, la comunicación de boca en boca regaba la noticia por todas partes.

Otpur enfatizaba una y otra vez el mismo punto: “nosotros no somos terroristas; es la policía quien es violenta; nosotros queremos la democracia”. Aun en una ciudad tan grande como Belgrado, la combinación de creatividad y pacifismo motivó a los testigos a compartir la noticia y mientras el público comenzaba a inclinarse a favor de Otpur, el grafiti y los carteles reforzaron el cambio.

La etapa de confrontación es delicada; muchos movimientos han perdido el juego en esta fase. Podemos aprender de los fracasos y éxitos de los movimientos en los Estados Unidos y de todo el mundo. Las siguientes lecciones nos pueden ahorrar muchos dolores:

  • Crear demostraciones dilema
  • Decidir específicamente en quién queremos influir.
  • Usar campañas como la mejor herramienta para avanzar de reactivo a proactivo.
  • Destacar el contraste entre el comportamiento de los protestantes y el de la policía.
  • Tomar una actitud fuerte hacia la posibilidad de represión por parte del estado.

Crear demostraciones dilema
Esta forma de acción directa coloca a los poseedores del poder en un dilema: si nos permiten continuar y logar lo que nos proponemos, conseguimos algo valioso para nuestra problemática. Si nos reprimen, ellos se colocan bajo una luz negativa y el público se instruye acerca de nuestro mensaje.

Muchos ejemplos pueden inspirar nuestra creatividad. Algunas campañas para salvar árboles centenarios han planteado estos dilemas. Si, por ejemplo, los protestantes logran sentarse sobre los árboles, éstos se salvan. Si los protestantes son detenidos violentamente, el público se educa sobre el problema y se ganan aliados. En 1992, durante la celebración del Día de la Raza por parte de los poseedores del poder, un grupo informal de nosotros decidió tomar ventaja de una visita a las replicas de las carabelas: La Niña, La Pinta y la Santa María. Remamos en canoas hasta el puerto cubierto de veleros y medios de comunicación, y levantamos nuestras banderas en contra del racismo y la esclavitud. Los botes de la policía nos persiguieron inmediatamente, lo que desvió la atención de la multitud hacia el drama de nuestro arresto y la confiscación de nuestras pancartas sobre las aguas. La cobertura de los medios corporativos de comunicación resultó más centrada en nuestro mensaje que en la reverencia a Cristóbal Colón. Para los poseedores del poder, el arrestarnos o el no hacerlo, fue un dilema; si nos dejaban protestar, arruinaríamos la fiesta pero el arrestarnos, llevó el mensaje aun a más gente.

Estudiantes afroamericanos en el sur de Estados Unidos fueron muy creativos con tales tácticas, por ejemplo, sentándose en la barra de una cafetería pidiendo café. Si el café les era servido, el racismo recibía un golpe. Si eran atacados por civiles o arrestados, el racismo también resultaba afectado. Los estudiantes no necesitaron de sus carteles para demostrar su punto. Los poseedores del poder eran puestos repetidamente en un dilema: cualquiera que fue su respuesta resultó en terreno perdido para el statu quo.

Un lugar para buscar ideas para una “demostración dilema” es en el trabajo comunitario que los activistas se encuentran haciendo. Como un ejemplo, se deben plantar jardines comunitarios en lugares con necesidad de reclamo. En medio de la Batalla de Seattle, algunos activistas hicieron jardinería guerrillera en camellones de las calles del centro y avenidas a lo largo del muelle.

Decidir específicamente en quién queremos influir

Usar el término “el público” es una manera muy simple de pensar una estrategia (aun y cuando me haya referido a éste en la sección anterior). “El público” incluye muchos subgrupos, algunos de los cuales son muy importantes para el éxito de una campana, algunos menos importantes y otros sin importancia a corto plazo. Si creáramos un mapa del territorio político y decidiéramos en quién necesitamos influir con más prioridad y de qué manera, crearíamos tácticas con la fuerza necesaria más frecuentemente.

Por ejemplo, un pequeño grupo en el Movimiento por una Nueva Sociedad en una ocasión colocó una trampa a uno de los objetivos de la política exterior de Estados Unidos dándose cuenta acertadamente en quien influir a través de acción directa. Los Estados Unidos apoyaba, como siempre lo hace, una dictadura militar que estaba matando a miles de personas. El dictador pakistaní Yayah Khan asesinó a cientos de miles de personas en la Bengala Occidental, quienes buscaban la independencia. El gobierno de Estados Unidos desmintió su ayuda a Khan, pero los activistas se dieron cuenta de que barcos paquistaníes se dirigían a puertos en los Estados Unidos para abastecerse de más armamento y continuar con la masacre. El grupo activista también asimiló que si los estibadores portuarios se rehusaban a cargar los barcos, Estados Unidos sería burlado.

El problema para el movimiento era que los estibadores de de la costa este se encontraban, en su mayoría, inclinados políticamente al apoyo del gobierno y querían poder alimentar a sus familias. Los activistas trataron de persuadirlos repetidas ocasiones para que actuaran en solidaridad con los bengalís, sin poder conseguirlo. Era tiempo para la acción directa. El grupo anunció el bloqueo del puerto que esperaba al siguiente buque paquistaní y comenzaron a realizar maniobras navales con veleros, botes de remos y el resto de su variada flotilla. Los medios dieron cobertura en vivo a los hechos y los estibadores presenciaron, tanto en televisión como en persona, los extraños trucos de los protestantes que creían poder detener al gran buque con sus botes diminutos. La táctica provocó la motivación de los estibadores para escuchar y discutir. Ellos acordaron que si los activistas creaban un piquete, los estibadores se reusarían a cruzarlo.

Cuando la campaña tuvo éxito en esa ciudad, los activistas la llevaron a puertos de otras ciudades y finalmente el Sindicato Internacional de Estibadores aceptó que los trabajadores no cargarían armas ligadas a Paquistán en ningún punto de los Estados Unidos. El bloqueo, iniciado por un grupo pequeño, triunfó porque el grupo practicó tácticas de acción directa específicamente orientadas no al público en general y ciertamente no al Presidente Nixon, sino a la parte del público que más necesitaba influir para lograr su objetivo estratégico.
Mientras diseñamos campañas enfocadas contra la Organización Mundial de Comercio, la pena capital o el tráfico de sexo, necesitamos crear un mapa político, cultural y económico de “el público” y decidir en quién queremos influir y de qué manera. Parte de nuestro poder está en la toma de tales decisiones estratégicas.

Usar campañas con mayor frecuencia, ser más proactivos que reactivos

Algunas veces, una reacción enérgica a un movimiento de los poseedores del poder puede ser muy efectiva, como lo fue en Seattle. Muchos beneficios fueron obtenidos por la movilización alrededor de la junta de la OMC y su interrupción. El aspecto negativo de la globalización fue puesto en la agenda pública por primera vez, algo que todos los organizados en contra del Tratado de Libre Comercio fracasaron al intentar hacerlo. Nuevas alianzas se convirtieron en posibilidades tangibles. El desatar la energía subversiva fue en sí mismo algo positivo.

Reaccionar ocasionalmente es una cosa; permanecer en una postura de reacción es algo diferente. Un buen término para la reacción continua es el “desapoderamiento”. El primer principio de estrategia de Mohandas K. Gandhi era el permanecer en la ofensiva. Tener nuestra agenda de acción dictada por los factores de donde y cuando los poseedores del poder celebrarán sus juntas, no es permanecer en la ofensiva.

Las campañas nos colocan en la ofensiva. Una campana es una movilización de energía focalizada con un objetivo claro, en un periodo de tiempo que puede sostenerse realísticamente por aquellos que se identifican con la causa. Con frecuencia el objetivo tiene la forma de demanda respecto a la cual una entidad prevista puede tomar una decisión.

El movimiento de Estudiantes Unidos contra Talleres de Explotación Laboral (USAS) ha trabajado principalmente a través de campañas. Por ejemplo, el boicot al autobús Montgomery o la lucha en Birmingham en 1963 donde una de las principales ciudades industriales fue paralizada con el propósito de forzar al gobierno federal a aceptar el proyecto de la Ley de Derechos Civiles de 1964. Algunas veces pienso que si no fuera por el racismo y los poseedores de poder que desacreditan a los años sesenta, los activistas de hoy estarían estudiando todos los libros y videos disponibles sobre el tema para beneficiarse de la brillantez del SNCC, el CORE (Congreso de Equidad Racial), y la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano.

Realizar una campaña es como sostener una lupa bajo el sol sobre un pedazo de papel. Dirigiendo la energía del sol, el lente incendia el papel. Las campañas exitosas se enfocan en su objetivo a lo largo del tiempo (nueve meses, dos años, o aun más si cuentan con los recursos) con una demanda específica y que parezca asequible.

Una de las más grandes victorias de la campaña de U.S. grassroots (movimientos de las bases populares en E.U.) en 1980, ha permanecido en secreto para los activistas más jóvenes de hoy. De hecho, la censura de los medios y los programas educativos ha sido tan efectiva, que rara vez he conocido a algún joven activista que sepa sobre la exitosa lucha contra la energía nuclear en este país.

La lucha antinuclear de los grupos grassroots fue en contra de una sorprendente selección de elementos del poder: el gobierno federal (civil y militar), los bancos (quienes obtenían el mayor número de ganancias de préstamos y utilidades), las utilidades mismas, grandes compañías como General Electric o Westinghouse (las cuales elaboraban plantas nucleares), las compañías constructoras y los sindicatos de la construcción. La lucha fue también contra la sabiduría popular en Estados Unidos, la cual creía al inicio de los años setenta que la energía nuclear era barata y segura.

¡Los activistas de grassroots derrotaron al grupo de los poseedores del poder! No tendría suficiente espacio aquí para describir la lucha, la cual utilizó acción directa masiva de forma brillante para evitar que los servicios de E.U. ordenaran la construcción de nuevas plantas nucleares a finales de los años setenta. Los grupos de grassroots variaron en sus tácticas: desde testificar en audiencias de la corte, hasta la desobediencia civil. Una de las tácticas predilectas fue la ocupación masiva del sitio en que la planta sería construida.

El movimiento permaneció descentralizado, pero cada área local se expandió a través del diseño e implementación de campañas. El estudio de esta campaña es perfecto para anarquistas y todos aquellos que no desean que un liderazgo centralizado dirija los movimientos sociales.

Destacar el contraste entre el comportamiento de los protestantes y el de la policía

El poder de la etapa de confrontación se encuentra en el drama. No obstante, el espectáculo dramático en las calles es muy diferente al de una obra de teatro fuera de Broadway. Una audiencia sofisticada podría preferir personajes multifacéticos, sin “el bueno” y “el malo” claramente definidos. El drama social de las calles no puede ser sutil: se define emocionalmente como “los buenos” vs “los malos”. En nuestro caso, aquellos del lado de la gente oprimida vs aquellos que se presentan con avaricia, privilegios y dominación.

Aquellas personas indiferentes de la clase dominante que observan el drama en las calles, sorprendentemente poseen una mente abierta con respecto a quienes podrían ser los buenos y quienes los malos en el espectáculo. Ante sus ojos, tal vez los buenos resultarán ser los protestantes o después tal vez la policía. Debido a que el espectáculo dramático es motivador, algunos en la audiencia tendrán curiosidad de ver quién resulta ser cual al final del drama.

Los protestantes en la Convención Nacional Republicana celebrada en Filadelfia en el 2000, brindaron un claro ejemplo de esto. La violencia de la policía, ampliamente publicitada antes de la conferencia, dañó la imagen de ésta. Los organizadores de la Convergencia fueron agredidos por la policía en su práctica justo una semana antes de que la Convención Republicana obtuviera alcance a los medios, consiguiendo con esto publicidad altamente favorable para el grupo. Al ir a la convención, el resultado fue que la presión se encontraba sobre los policías de quienes se esperaba recuperaran su postura como elementos responsables y mesurados, y los protestantes ocuparon entonces una posición moral superior. Tres marchas subsecuentes claramente pacíficas confirmaron esto aún habiendo recibido amenazas de arresto en el tercer día. La Organización de Kensington por los Derechos de Bienestar, grupo organizador de la tercera marcha, tuvo el cuidado de no permanecer políticamente aislada y que con esto su desobediencia civil trajera aliados en su apoyo. La policía sintió que tenía que retirar sus amenazas de arresto y así confirmó la sospecha de los espectadores de que los policías eran en realidad “los malos” de la historia.
La segunda fase de las acciones en la convención, comenzando el primero de agosto, revirtió los roles. Los policías no tenían que permanecer como ovejas durante las protestas; en el contexto del miedo y expectativas del público, ellos sólo necesitaban mostrarse con compostura, flexibilidad y control. Ellos lo hicieron evadiendo usar gas lacrimógeno, gas pimienta, balas de caucho, embestidas con o sin caballos, etc. En su lugar, los protestantes fueron detenidos de una manera que los mostraba en duro contraste con el comportamiento público de la policía. Los protestantes del bloqueo se vieron como… revoltosos (¡lo que habíamos dicho varias veces que era nuestro objetivo!). La policía ayudó a restablecer el tráfico. El oficial al mando de esta operación, quien había aparecido a la defensiva en televisión nacional, se convirtió en un héroe popular. La corriente dominante de Filadelfia dio un respiro de alivio diciendo “nuestra policía es mucho mejor que esos fuera de control y brutales policías de Seattle, y a todo esto, ¿de dónde llegaron estos protestantes?”.

La gran lección para aprender en esto es que el drama en las calles no puede tener un análisis complejo que requiera gran crítica y persuasión. El drama de las confrontaciones en las calles necesita de la simplicidad del contraste entre el comportamiento de los protestantes y el de la policía.

Los símbolos utilizados para destacar el contraste dependen de la situación. Los estudiantes negros en las cafeterías vestían de saco y corbata o con vestidos, y permanecían en calma sentados en el mostrador mientras hombres racistas histéricos los golpeaban. Gandhi diseñó la Marcha de la sal en la cual los manifestantes calmadamente caminaban por los yacimientos de sal a través del límite donde eran golpeados por los soldados. En 1963, monjes vietnamitas se sentaron en posturas de meditación sobre las calles de Huế frente a tanques de guerra, para ayudar a derrocar la dictadura. Participantes filipinos de acciones masivas del “poder del pueblo” destituyeron al gobierno, en parte por sus collares de flores para los soldados del dictador.

Pocos años antes de que los jóvenes activistas serbios iniciaran Otpur, algunos de ellos habían tenido problemas con el estado por organizar protestas estudiantiles. Una de las razones por la que esa anterior oleada de actividad se extinguió fue que policías jóvenes adoptaron la vestimenta de los estudiantes y se unieron a las protestas con el propósito de romper ventanas y pelear con los policías uniformados. Estos provocadores vestidos de civiles fueron altamente efectivos en desviar el foco de atención pública, de la dictadura a la violencia estudiantil. Aprendiendo de esa experiencia, Otpur decidió desde el inicio, como política de grupo, que si uno de sus miembros era sorprendido provocando a la policía sería considerado un espía y no volvería a ser admitido como miembro de Otpur. Sintieron que sus objetivos eran tan altos (éxito en la derrota de Milošević y la seguridad de sus miembros), que el grupo necesito marcar un límite.

De nuevo, nuestro poder recae en nuestras decisiones. Podemos elegir diseñar nuestras confrontaciones usando una simbología apropiada y por lo tanto la parte del público en la que más deseamos influir nos verá como la gente luchando por la justicia. Es nuestra elección.

Tomar una actitud fuerte hacia la posibilidad de represión por parte del estado

Obviamente, el propósito de la represión es inducir al miedo para que la gente se rinda en su pelea por la justicia. Los poseedores del poder tienen una variedad de tácticas bajo la manga: un ejemplo es la fianza de un millón de dólares para los protestantes de la Convención Republicana en Filadelfia, acusados solamente de delitos menores. Los poseedores del poder cuentan con la sensación de miedo dentro de nosotros para cambiar nuestro comportamiento volviéndonos menos efectivos.

Es por esto que una de las elecciones más fundamentales que un movimiento social toma es el tipo de actitud que tendrá contra la represión. Para nosotros es tan natural temer frente a la represión, que podríamos no saber que los movimientos toman decisiones acerca de cómo manejar las amenazas del estado. En los talleres para las protestas de la Convención Republicana, muchos participantes no sabían que existía una opción contra la represión. Ellos creían que todos los movimientos tienen la misma actitud contra la represión, lo que está muy lejos de la verdad. Algunos movimientos se dan cuenta de que los poseedores del poder los invitan a jugar lo que yo llamo “el juego del miedo”: autoridades que castigan y amenazan para que los activistas reaccionen temerosos. Los movimientos que ven a través de este juego eligen una estrategia diferente.

Por ejemplo, en el boicot del autobús Montgomery, los poseedores del poder decidieron iniciar el juego del miedo anunciando que tenían una lista de líderes negros que serían arrestados. Los líderes del movimiento resolvieron tomar una actitud poderosa y proactiva; se dirigieron en grupo al edificio de la alcaldía y demandaron ser arrestados inmediatamente. Incrementaron su número de manera cuidadosa para que algunos de ellos no se encontraran en la lista y pudieran demandar con indignación ser arrestados en lugar de recibir el insulto de no ser considerados líderes. Sindicatos de trabajadores más recientes en Decatur, Illinois, dieron una jugada similar: cientos de trabajadores llenaron el edificio del ayuntamiento y se rehusaron a salir hasta que los arrestos prometidos fueran realizados.

Consideremos los apuros que esto provoca para los poseedores del poder. Si la gente se rehúsa a temerles, ¡los poseedores del poder habrán perdido una de sus armas más poderosas! Gandhi solía decir que los británicos gobernaban en la India, no por ser más fuertes, sino porque los hindúes les temían. Tan pronto como los hindúes eliminen su miedo, dijo, el poder británico se desmoronará. Y así fue.

Etapa 4: no cooperación masiva, política y económica

Mientras escribo esto (verano del 2002) Argentina está sumida en la no cooperación: huelgas, boicots, desobediencia civil de muchos tipos, etc. En diciembre, la turbulencia social resultó en cinco presidentes en menos de dos semanas. Las demostraciones masivas incluyen la tradición latina de golpear sartenes y ollas especialmente los viernes en la histórica Plaza de Mayo de Buenos Aires y en otros lugares.

Las asambleas populares de los barrios no solamente movilizan las demostraciones, sino también toman parte en asuntos y preocupaciones locales (por ejemplo, evitando que las autoridades cerraran el local de un panadero que no pudo pagar su renta). Las asambleas locales instan a los propietarios de viviendas a no pagar impuestos sobre la propiedad, y en su lugar, donar la cantidad de sus impuestos a hospitales cercanos que necesiten reabastecimiento médico. Trabajadores mal pagados han permanecido en huelga por meses, usualmente bloqueando puentes y carreteras. Estos mismos suspendieron el abastecimiento de combustible para la ciudad al bloquear la entrada a la refinería local el febrero pasado.

La caída abrupta de la economía argentina (otro triunfo del neoliberalismo y del Fondo Internacional Monetario), ha precipitado esta insurgencia, de manera que Argentina, como otros ejemplos, tiene límites como modelo para nosotros. Nosotros no deseamos esperar hasta que la pobreza golpee a las personas en el rostro y la lucha por el medioambiente sea un caso perdido, para que la no-cooperación masiva pueda ser organizada: una fuerte razón para seguir las tres primeras etapas con tanta fuerza como sea posible.

La ventaja de tener una preparación cultural significativa, es que las organizaciones que construyamos podrán ser más fuertes, más cooperativas e igualitarias, y más creativas. Entre más fuertes sean nuestras organizaciones, estaremos en mejor forma para la confrontación.

Cuando los estudiantes iraníes y otros tantos protestaron contra el Shah de irán a finales de los setenta, experimentaron una gran represión. La policía secreta utilizó tortura en su contra y el ejército derribó con disparos a los manifestantes. Encarando un estado policial, el movimiento usó funerales como medio de protesta y el ejército asesinó a los asistentes. Enfurecidos por la represión, muchedumbres acudieron a los funerales, cada uno de los cuales se convirtió en otra masacre. En una ocasión, una plaza pública llena de manifestantes pacíficos fue bañada en sangre cuando helicópteros volando lentamente en círculos dispararon a la multitud. Inmediatamente después, el presidente Jimmy Carter, nuestro presidente de los derechos humanos, telegrafió al Shah asegurándole el apoyo de los Estados Unidos.

Los iraníes hicieron bien su trabajo reafirmando su solidaridad mientras el movimiento (y la represión) incrementaba. Finalmente el Shah se enfrentó a sus jefes militares, quienes le anunciaron que el juego había terminado. Los militares le dijeron que el país entero se encontraba en huelga, que el ejército no podría poner de nuevo en marcha a las instituciones políticas y económicas. Lo único que el ejército pudo hacer en ese momento fue continuar asesinando pero incluso entre los militares aumentaba la no cooperación. Al siguiente día el Shah dejó el país.

Las personas pueden resistir un nivel de represión sorprendente de forma pacífica cuando creen que pueden ganar, tienen el valor suficiente y pueden sentir el apoyo unos de otros. Es por esto que yo argumento que las etapas uno y dos (preparación cultural y organización), incrementan la posibilidad de que la confrontación avance a la no cooperación masiva.

Claramente, el propósito de la no cooperación masiva (la disolución de los pilares de soporte) es echar abajo al régimen. La destrucción de propiedad privada puede formar parte de esto, (en Argentina, personas de clase media vistiendo de traje quebraron las ventanas de algunos bancos), aunque en algunos contextos sea estratégicamente desaconsejable. (Otpur utilizó grafiti y el daño de propiedad al modificar los anuncios espectaculares del gobierno, pero decidió que el quebrar cosas sería entrar en el juego de Milošević y en la imagen de terroristas).

Si la no cooperación masiva puede provocar un vacío de poder, ¿para qué planear una quinta etapa? La reciente conmovedora historia de los estudiantes birmanos nos da la respuesta.
En 1990, cuando crucé ilegalmente la frontera hacia la selva donde el campamento guerrillero de las tropas birmanas prodemocráticas se encontraba, tuve la oportunidad de de aprender profusamente de los estudiantes que participaron en la revuelta de 1988. Ellos tenían una sorprendente historia que contar, una historia que les ha sido negada a los activistas de todo el mundo debido a la extrema política de aislamiento del dictador birmano Ne Win.

Los estudiantes efectuaron unas series de protestas pacíficas a pequeña escala en 1987, resultando golpeados, arrestados y algunos perdiendo la vida. El movimiento creció y el habla pública espació el mensaje: “¡Levantémonos el 8/8/88!”. La fecha llegó y con ella un volcán social hizo erupción; cientos y luego miles y después millones tomaron las calles. Estudiantes ocuparon las oficinas de gobierno; transeúntes se unieron a los trabajadores en huelga haciendo boicots y ocupando edificios y fábricas. Los pilares de soporte para Ne Win se tambalearon y la represión fracasó al querer detener el movimiento incluso con su ejército tratando de atrapar a los estudiantes después de errar sus disparos. La táctica de uno de los estudiantes fue que al confrontar soldados que les apuntaban, los estudiantes deberían pararse frente a las armas, rasgar su camisa y demandarles, “¡si vas a disparar, dispararme a mí primero!”. Los soldados sólo se podrían detener ante tal valentía.
Con el ejército inclinándose a favor de los estudiantes, el dictador Ne Win ejecutó un movimiento muy inteligente en el tablero del juego. Replegándose, sacó a su ejército y a sus ministros más antiguos fuera de la ciudad. Ante la gran sorpresa de los estudiantes, Ragún (y Mandalay entre otras ciudades) fueron completamente libres. El júbilo en Ragún se mezcló con confusión: ¿por qué ahora? Aunado al desconcierto, Ne win dejó su inteligencia militar con vestimenta civil en las calles con órdenes de fomentar el desorden y abrió las cárceles dejando en libertad a los prisioneros.

El desorden aumentó en Ragún, aún con la ayuda de los monjes budistas quienes ayudaron de muchas formas, incluyendo como policías de tránsito para restablecer el orden. Entonces vino el anuncio: el gobierno “recibió el mensaje del pueblo” y acordó liberar las elecciones mientras en el transcurso regresaría a las ciudades con un corazón renovado, un nuevo nombre y una nueva misión: restablecer la ley y el orden.

La dictadura regresó asesinando a miles de estudiantes a su paso y rellenando el vacío en el poder. Cuando los estudiantes birmanos militantes que yo enseñaba aprendieron la quinta etapa del modelo de este artículo, inmediatamente visualizaron lo que había sucedido: ellos no habían seguido la etapa uno (no había visión de una Birmania democrática) ni la etapa dos (las instituciones alternativas y la organización cohesiva que pueden abrir el vacío en el poder con una brillante etapa cuatro). Ellos habían sido puestos fuera del camino por el régimen. Con esto aprendieron de la forma más dura, que movilizar la insurrección no es suficiente.

Etapa 5: instituciones paralelas

Después de trabajar en las etapas de preparación cultural, formación de la organización, confrontación y no cooperación, las personas con una visión compartida tienen la oportunidad de enraizar firmemente nuevas instituciones y valores en la tierra de una nueva sociedad. Las instituciones habrán crecido de las semillas de la etapa de organización: las instituciones alternativas, redes, juntas alternativas y grupos de afinidades comunes.

Durante la etapa de confrontación, estas organizaciones necesitan crecer, lo que se logra más fácilmente cuando los poseedores del poder gastan su tiempo desacreditándose al responder violentamente a las campañas de los movimientos. Sin embargo, el momento de mayor crecimiento para las organizaciones probablemente sea en el periodo de no cooperación masiva. Un ambiente de turbulencia motiva a la clase dominante tanto como a las personas radicales a buscar formas alternativas para hacer las cosas. Como he explicado, en Argentina los trabajadores se encuentran apoderándose de las fábricas y operándolas. “De todo lo que vendemos”, comentó un trabajador de una fábrica de cerámica, “dividimos las ganancias equitativamente entre la gente que trabaja aquí”.
Las asambleas de vecinos en Argentina se reúnen comúnmente una vez por semana para decidir sobre una lista de demandas y propuestas para el cambio. Después, estas propuestas son llevadas a las asambleas intervecinales para lograr a acuerdos. Los mercados de trueque, en los que las personas intercambian todo tipo de cosas desde videojuegos usados hasta alimentos y servicios especializados, se han popularizado. Ningún tipo de dinero del gobierno es aceptado entre ellos. Solamente notas de crédito son utilizadas como una forma de micro moneda y por supuesto, una explosión de medios independientes ha solucionado la necesidad de información confiable.

En la quinta etapa, estas organizaciones se consolidan porque se convierten en parte de la infraestructura de la sociedad. En contraste con el nuevo modelo leninista en el cual el partido toma control del estado y reorganiza la sociedad de arriba abajo, este modelo estratégico propone una restructuración desde la base, apoyada por los miembros radicales que a lo largo del tiempo han innovado las formas de organización que reflejan una visión democrática radical.

Visualicemos esto: los poseedores del poder, cuya legitimidad ha sido mermada debido a su indisposición para enfrentar la crisis ecológica, la pobreza, la injusticia y la guerra, ahora advierten que sus pilares de soporte se tambalean. Tratan de restablecer su poder por medio de la combinación de infiltración y violencia cuando es demasiado tarde. La no cooperación masiva los deja, como a Marcos, Milošević y antes al Shah, inutilizados.
Este momento es la oportunidad para que el movimiento visionario con su infraestructura de organizadores experimentados y facilitadores, entre en el vacio del poder y cree, paso a paso, una nueva sociedad, una sociedad que apoye la libertad y la democracia en lugar de la dominación.

La nueva sociedad es creada en comunidad, con personas de la corriente dominante quienes se han dado cuenta de que las viejas maneras ya no son defendibles. Los activistas radicales no son extraños para la corriente dominante porque ésta los ha visto una y otra vez en juntas dentro de los sindicatos y profesiones, en instituciones alternativas dentro de sus barrios, y en grupos de afinidades comunes que gustan de servir tanto como protestar. La esperanza eufórica que acompaña a tales momentos históricos es también una oportunidad para la energía de unidad más dinámica que los radicales hayan demostrado hasta ahora.

Muchas de las tácticas de intervención en esta etapa pueden ser llevadas a cabo al empatar las instituciones alternativas con las instituciones oficiales. Una toma de lugar podría algunas veces ser una medida temporal para el desmantelamiento ordenado de la institución en sí misma. Por ejemplo, una liga revolucionaria intertribal de nativos americanos podría querer disolver la Oficina de Asuntos de Nativos Americanos en E.U. En otros casos, los ocupantes empezarían a trabajar inmediatamente en lo que tenían planeado hacer una vez derrotado el estado.

Los grupos de afinidades comunes habrán crecido en número de manera increíble. De la misma manera habrán jugado un rol principal en la etapa de no cooperación y ganado valiosa experiencia en el campo de batalla, lo cual guiará a una mejor habilidad para la toma rápida de decisiones cuando las circunstancias cambien en la etapa cinco.

Mientras muchas personas espontáneamente formarán grupos de afinidades comunes en el curso de esta fase final, podría producirse un esfuerzo consciente de reproducir los grupos tan rápido como sea posible para transmitir conocimiento y experiencias invaluables a aquellos que se unieron a la revolución después de sus inicios. (De acuerdo a la regla de Otpur, todos sus nuevos miembros primero tenían que pasar por un entrenamiento. Hacia el final del movimiento, el grupo había preparado a un estimado de 80,000 miembros.)
Los grupos de afinidades comunes, debido a su preparación y solidaridad, podrían participar en muchas de las más peligrosas tareas de esta etapa final. Podrían la labor de sugestión con respecto a grupos reaccionarios, enfrentando a milicias de derecha y a otros con disciplina y valentía. Los grupos de afinidades comunes podrían también ayudar a las juntas radicales a tomar posesión de sitios difíciles, y podrían ellos mismos ocupar oficinas de gobierno de naturaleza represiva como el FBI y el ejército.

Las redes transformacionales que a lo largo de las etapas han desarrollado su tecnología, encontrarán su propio camino en esta última fase. Si bien es cierto que este modelo estratégico evita el control de funciones en forma vertical tan apreciado por los leninistas, no descarta la necesidad de coordinación. Se deben proveer servicios esenciales, se debe mantener la comunicación y la opinión sobre el uso óptimo de recursos limitados en situaciones turbulentas. La unidad requiere de información compartida y acuerdos negociados entre las fuerzas por el cambio.

En las etapas avanzadas de la lucha, se necesitarán consejerías coordinadoras a nivel local, regional, nacional y transnacional. Si las redes de transformación efectúan creativamente su trabajo, las consejerías crecerán orgánicamente desde la lucha, como lo han hecho los voceros en las confrontaciones antiglobalización en donde convergen muchos grupos de afinidades comunes. Al menos desde el movimiento anti nuclear en los años setenta, los grupos activistas han experimentado con formas no autoritarias de coordinación por medio de consejerías. El trabajo de aquellos que mantienen las redes de transformación será el retener las lecciones aprendidas durante sus experiencias, prestar atención a las diferencias culturales en los estilos de comunicación y asistir a las consejerías recién formadas para que sean capaces de trabajar en todos los niveles.

Las consejerías son los cuerpos que en la etapa final forman los “gobiernos” paralelos (coloco “gobiernos entre comillas porque podrían no asemejarse a los gobiernos que conocemos). En esta quinta etapa, las personas pagan sus impuestos a las consejerías en lugar de a los gobiernos del orden opresivo. Las consejerías organizan los servicios básicos como la regulación del tráfico, recolección de basura y servicios similares. En mi visión personal, la consejería nacional trabaja en coordinación con el resto para desmantelar al gobierno nacional y redistribuir sus funciones legítimas a los niveles local, regional y transnacional. Las consejerías pueden incluso trabajar con las juntas de trabajadores, cooperativas y grupos de afinidades comunes para desmantelar de forma ordenada aquellas corporaciones que vale la pena descentralizar.

La transformación toma tiempo
Incluso en mis días más idealistas, sabía que un cambio fundamental tomaría tiempo. Quitarle el poder a aquellos cuya avaricia destruirá el planeta y darlo a quienes con su sentido humano lo sanarán, nos da la oportunidad de seguir creando; el cambio en el poder no sucede por sí solo.

El cambio dará la oportunidad de apoyar el crecimiento y bienestar de las personas y el planeta. No obstante, un movimiento que utilice el marco estratégico aquí propuesto, tiene una ventaja adicional: proporcionará a la nueva sociedad cientos de miles de personas capacitadas y años de experiencia en formas mejoradas para proveer el bienestar común. El propósito de esta estrategia no es pedir a las personas indiferentes que apuesten por un montón de esperanzas e ideas a medio cocinar. Al contrario, ganará la credibilidad que se merece a través de su valentía, su creatividad y su habilidad de mantener el diálogo con la gente.

Más que nada, un movimiento que utilice este acercamiento a la estrategia se encontrará en un sitio similar a Otpur. Al desarrollar su estrategia, los jóvenes activistas acordaron en enmarcar las opciones en Serbia de esta manera: la dictadura se trata de la muerte, ellos decían. Otpur se trata de la vida.


 


 

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