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Lecciones desde los márgenes: Empoderando a los participantes con discapacidades y participantes transgénero

Nosotros, Jana Schroeder y Nico Amador, nos conocimos en el taller “Súper T: Preparando Capacitadores para la Acción Social” (Training for Social Action Trainers), llevado a cabo en Ontario, Canadá, durante mayo y junio del 2006. En enero del 2007, ambos participamos en el taller dirigido por George Lakey “Cómo hacer trabajo transformativo” (How to Do Transformational Work), el cual tuvo lugar en Filadelfia. Mientras nos encontrábamos en dicha ciudad, Nico inició una conversación acerca de la posibilidad de formar alianzas entre personas con discapacidades y personas transgénero, con base en las preocupaciones que ambos grupos tienen en común (la poca accesibilidad física y la actitud limitante que enfrentamos debido a los prejuicios de la corriente dominante, los cuales marginan nuestras identidades y nuestros cuerpos, por ejemplo). Como resultado, decidimos escribir juntos este artículo para compartir nuestras experiencias con otros facilitadores y para fomentar tanto la toma de consciencia, como la mayor inclusión de personas con discapacidades y transgénero en todo tipo de capacitaciones o talleres.

Durante el proceso de escritura, nos dimos cuenta que mucho de lo que teníamos que decir podría ser aplicado también a otras identidades marginadas. Nos preguntamos si, después de todo, nuestra idea inicial acerca de los aspectos que comparten las personas transgénero y las personas con discapacidades era acertada; o si lo que queríamos decir podía corresponder de igual manera a otros grupos del margen. Sin embargo, decidimos que para nosotros era importante mantener nuestra escritura enfocada solamente en las personas con discapacidades y personas transgénero, porque estas dos identidades son con las que algunos facilitadores pueden tener menos experiencia y posiblemente puedan beneficiarse al encontrar nuevos recursos enfocados en el trabajo con este tipo de participantes.

A través de la reflexión individual, de nuestras conversaciones y de nuestro trabajo de escritura, hemos identificado algunas maneras en las que la educación directa de Talleristas por la Justicia/Training for Change contribuye a una mayor inclusión de personas con discapacidades y de personas transgénero. Al mismo tiempo, creemos que hay algunos elementos que los facilitadores y las personas a cargo de la logística de los talleres pueden añadir a sus actividades — sin importar si tienen o no conocimiento sobre la educación directa—, y que ayudarían de gran forma a incrementar las habilidades de las personas transgénero y personas con discapacidades para participar de forma más completa en los talleres o entrenamientos.

Este artículo no intenta ser un manual de procedimiento o una lista de lo que se debe o no hacer. En cambio, el artículo presenta algunas de las prácticas que creemos pueden contribuir a crear una atmósfera de mayor apoyo, en la cual las personas con discapacidades y personas transgénero se sentirán respaldadas y completamente comprometidas. Ilustraremos nuestro aprendizaje con historias de nuestra experiencia en el “Súper T”. Asimismo, en la sección final ofreceremos una serie de preguntas, las cuales los facilitadores y organizadores de los talleres pueden usar para evaluar su nivel de conciencia e identificar posibles áreas para su crecimiento personal.


T por Trepidación


Al asistir al “Súper T”, compartimos nuestra emoción por la oportunidad de reforzar nuestras habilidades como líderes, aprender más acerca de la educación directa y experimentar varios enfoques para el trabajo contra la opresión (que incluyeron los temas de accesibilidad e inclusión). Sin embargo, también recordamos los retos que habíamos enfrentado debido a nuestras identidades, y cómo estos habían provocado que nuestro entusiasmo se viera opacado por una sensación de ansiedad.

Jana: Me preguntaba quiénes asistirían a la capacitación y cómo me tratarían. Algunas personas se ponen nerviosas con mi presencia, lo que puede ocasionar que traten de evadirme, o al contrario, que sean extremadamente atentas y protectoras. En otros casos, quienes ya han tenido contacto con una persona con alguna discapacidad no se desconciertan cuando me conocen. En ocasiones, también me encuentro con personas que aunque no hayan tenido contacto previo con alguna persona ciega, se sienten lo suficientemente cómodas consigo mismas y aceptan a los otros como son, lo que provoca que podamos establecer una relación agradable más fácilmente. Tal vez necesite indicarles a estas personas cómo es que pueden ayudarme, pero eso genera un nivel de incomodidad mínimo.

De cualquier manera, yo confiaba en mi habilidad para participar en el entrenamiento. En el proceso de inscripción yo les expliqué que soy ciega y les solicité que me enviaran los materiales para el taller de forma electrónica, para con ello poder tener acceso a los textos al igual que el resto de los participantes. Me dije a mí misma que si las personas del taller se comportaban de forma extraña hacia mí o no me aceptaban, yo podría aprovechar mejor mi tiempo para leer los libros que había llevado conmigo al taller, o tal vez para formular una crítica para Talleristas por la Justicia/Training for Change por no haber hecho un buen trabajo en la inclusión de personas con discapacidades.

Nico: Por ser un hombre transgénero, me preocupaba la cantidad de apoyo que recibiría por parte del taller y si el grupo estaría dispuesto a aceptar mi identidad aún cuando muchas personas me siguen identificando como mujer. En otros eventos pasados, mi habilidad para participar de forma más completa se vio obstaculizada porque los facilitadores o los participantes fallaron al reconocerme como “él” y no apoyaron tal visualización de mi persona. En otros casos, fui tratado con condescendencia o me sentí forzado a utilizar mi participación en el grupo para educar a los otros sobre mi identidad. Incluso, en algunas ocasiones, me encontré preocupado por situaciones inseguras o de inaccesibilidad en el uso de sanitarios y duchas.

No obstante, decidí seguir con el entrenamiento, teniendo en cuenta que no todos serían mis aliados pero confiando en que sabría manejar las situaciones que se me presentaran y que tal vez aprendería algo en el proceso.

Establecer el tono


A nuestra llegada al taller fue difícil no sentirnos un poco tímidos. Las ganas de retirarnos se hacían sentir mientras evaluábamos al grupo y a los facilitadores. Sin embargo, estos últimos no nos dieron la oportunidad de retirarnos.

La primera sesión abrió con la “Bienvenida a la Diversidad”, un recibimiento para los diferentes orígenes y sentimientos de las identidades presentes en el grupo, el cual incluyó un reconocimiento tanto para las personas con discapacidades como para las personas transgénero.

Al principio, nos pidieron tomar un momento para identificar nuestras metas de aprendizaje en el taller y para identificar el comportamiento y las actitudes que nos ayudarían a maximizar nuestro aprendizaje. Estas actividades introductorias terminaron cuando los facilitadores pusieron énfasis en la responsabilidad que cada uno de nosotros poseía para lograr lo mejor de nuestra experiencia y para utilizar cada sesión de una manera que nos ayudara a avanzar hacia nuestras metas.

Notamos, no sin cierta sorpresa, que con esta forma de inicio los facilitadores habían establecido un tono que nos hacía sentir bienvenidos a la vez que nos desafiaba.

Jana : La manera en la que las identidades del margen y la corriente dominante fueron reconocidas en la “Bienvenida a la Diversidad” y reiteradas en el resto del entrenamiento, ayudó a mi participación en el taller. Pude comprender que una persona no siempre ocupa el mismo lugar en relación a la corriente dominante y el margen. Este enfoque me permitió reconocer más honestamente mis privilegios, expandir mi consciencia sobre las maneras en que otros se sienten marginados, e identificar los momentos en que yo he formado parte de la corriente dominante. Esto me presentó oportunidades para volverme aliada de otras personas que tal vez se sentían en el margen.

Los facilitadores no me prestaron un cuidado especial ni al grupo en general. Al principio no sabía que pensar de esto y tal vez me provocó resentimiento, aunque reconocí que este era el trato que muchas veces había deseado recibir de las personas. Mientras el entrenamiento progresaba y yo obtenía un mejor entendimiento de los principios de la educación directa, me di cuenta de que ese enfoque había sido planteado deliberadamente por los facilitadores. De esa manera, ellos permitieron que el grupo aceptara el reto de identificar sus propias metas de aprendizaje y que los miembros cuidaran de sí mismos y de los otros. Supongo que no todos los facilitadores necesariamente se sentían cómodos con mi discapacidad, pero cualquier barrera que se me presentaba era minimizada por la manera en que ellos guiaban el entrenamiento.

Nico: Escuchar el reconocimiento a mi identidad sexual en la “Bienvenida a la Diversidad” me brindó una inmediata sensación de seguridad; la sensación de pertenecer al entrenamiento y de poder llevar mi identidad transgénero al grupo. Agradecí el que la “Bienvenida a la Diversidad” nos presentara el estado actual de la corriente dominante y los grupos del margen, cuestionando con ello la idea de lo que debe considerarse “normal” o “común” en la cultura de grupo, e invitando a las diferencias a hacerse presentes. La flexibilidad de los facilitadores y su expectativa de que yo me hiciera cargo de mi propio aprendizaje, me señaló que ellos no intentaban explotar a las minorías del grupo para educar a la corriente dominante, algo que he encontrado en otros modelos de trabajo contra la opresión.

Entendí que el enfatizar la responsabilidad personal de los participantes era un desafío directo al victimismo en el que tanto yo como otras personas transgénero solemos caer (por formar casi siempre parte de las minorías en nuestros lugares de trabajo, nuestras familias, en eventos sociales y en otras situaciones de grupo). El que los facilitadores esperaran algo diferente de nosotros me ayudó a reafirmar mis razones para estar ahí, sin distracciones por parte de otros en el grupo o por mi propio impulso de sabotear mi experiencia.


Fuera del espacio de comodidad


A medida que el entrenamiento avanzaba, resultó evidente para nosotros que el modelo de educación directa fomenta el aprendizaje por medio de la toma de riegos. Se nos pidió a los participantes que fuéramos flexibles, con el propósito de poder avanzar hacia nuestra experiencia de aprendizaje. También fuimos testigos de los momentos en que los facilitadores, por su parte, tomaron riesgos al salir de su espacio de comodidad, lo cual resultó un apoyo muy útil para nuestro proceso.

Jana: El hecho de que los participantes y facilitadores fuéramos alentados a salir de nuestro espacio de comodidad resultó una gran ventaja. La manera en que fuimos motivados evidenció el miedo y la incomodidad que sentimos al salir de nuestro espacio de comodidad, pero también nos brindó un apoyo realmente positivo. También nos ayudó a saber que cada uno de nosotros generalmente experimentaba algo que nos provocaba temor o incomodidad. Por ejemplo, algunas personas se sienten nerviosas al ayudar a una persona con ceguera, mientras yo, la persona ciega, siento temor al tener que realizar algunas de las actividades físicas que otros pueden hacer con facilidad.

Por su parte, los facilitadores procuraban no responder a la defensiva cuando cometían errores. Al contrario, siempre estuvieron dispuestos a reconocer sus errores y a preguntar en caso de no saber algo, para entonces poder continuar con las actividades. Esta franqueza me ayudó no sólo a ser más sincera conmigo misma, sino específicamente, a ser más receptiva con lo que cualquier persona pudiera ofrecerme, incluyendo aquellas de las que usualmente tengo la tendencia de apartarme.

Nico: Debido a que se me pidió hacer mi propio trabajo para poder crecer como participante, sentí la satisfacción de presenciar cómo los facilitadores también hacían uso de esas oportunidades para tomar riesgos y algunas veces cometer errores. El que los facilitadores moldearan mi uso de pronombres frente al resto del grupo, me impulsó a reafirmar mi identidad durante mi interacción con otros participantes sin sentirme molesto ni a la defensiva.

Cuando una facilitadora cometió el error de dirigirse hacia mí como “ella” y corrigió su error de una manera que yo consideré respetuosa, me ayudó a difuminar parte de la tensión que impedía que otros intentaran interactuar conmigo durante el entrenamiento. Casi al final de la sesión de entrenamiento, un grupo de participantes usaron el pronombre incorrecto, sin que lo notaran, para referirse a mí y a otros hombres transgénero del grupo. Me sorprendí al descubrir que no sólo tuve la firmeza suficiente para intervenir y corregirlos al finalizar la sesión, sino que pude hacerlo con calma y curiosidad. Me fue posible intervenir con el carácter de un facilitador amable, y no como una persona molesta y en lucha por recibir el reconocimiento de los demás.

Canales de aprendizaje


Parte de nuestra experiencia en la toma de riesgos tuvo que ver con estar dispuestos a participar en un rango de actividades que empleaban diferentes canales de aprendizaje. Esto nos otorgó a ambos, no sólo la oportunidad de mostrar nuestros puntos fuertes ante el grupo, sino la de explorar aquellas áreas que usualmente evadimos.

Jana: Me di cuenta de que la sección del “Súper T”, “Aprendizaje basado en la aventura”, nos permitió explorar muchos temas relacionados con la inclusión o exclusión de personas con habilidades diferentes. El primero de nuestros retos sensoriales fue el juego “Caminando sobre las piedras”. Yo no quería que mi presencia limitara la experiencia del resto del los participantes y me preocupaba que mi ceguera pudiera disminuir el ritmo del grupo. Inesperadamente, me sentí apoyada por mi equipo el cual inmediatamente propuso elaborar un plan para poder triunfar como grupo. Me pidieron opiniones y sugerencias, y me hicieron sentir incluida. Después de completar nuestra tarea, también tuvimos la oportunidad de identificar en los participantes otras discapacidades no visibles que no habíamos considerado y que pudieron haber causado ansiedad entre el grupo.

Más tarde, en el mismo taller, se le pidió al grupo que se involucrara en una actividad en la que grupos más pequeños de participantes formando una línea, tomaban una cuerda y, con los ojos cerrados, trataban de formar un cuadrado. Me sorprendió lo temerosos que los participantes estaban y lo difícil que consideraban esta actividad. Debido a que todos nos encontrábamos conectados por la cuerda, la actividad parecía relativamente segura y bajo control. Como una persona que está acostumbrada a estar en el mundo sin usar sus ojos, este ejercicio no sólo igualó nuestros niveles en el terreno de juego, sino que me dio la ventaja.

Uno de los facilitadores me comentó el haber notado que, en esta ocasión, los participantes estuvieron menos renuentes a realizar actividades con los ojos cerrados, en comparación con talleres pasados cuando él había sugerido las mismas actividades en otros entrenamientos. Aprecié el escuchar por parte de un facilitador que mi presencia como una persona con discapacidad había contribuido a que el grupo tuviera una experiencia de aprendizaje más significativa. En lugar de sentir que mi presencia era algo a lo que los facilitadores tenían que adaptarse, acepté que mi presencia podía contribuir al grupo en lugar de ser algo que robara la atención o la energía del resto del grupo.

Nico: En cierto punto del entrenamiento se me pidió participar en la “Entrevista de Diversidad”, misma que los facilitadores querían llevar a cabo frente al grupo. Por una parte me sentí nervioso al pensar en toda la atención que esto llevaría sobre mi cuerpo físico, lo que me causaría vergüenza o incomodidad imposible de disimular. También me sentía un poco renuente a participar en una actividad que pudiera ser bastante emotiva, por mi miedo a ser considerado una víctima o a parecer mentalmente inestable o débil. Por otra parte, la actividad reforzaba mi empoderamiento porque yo no estaba presionado a participar y porque había recibido la opción de elegir la parte de mi identidad sobre la que se enfocaría la entrevista. Al final, tomé la decisión de hacerlo y me sentí recompensado al tener la oportunidad de hablar sobre mi persona con más profundidad frente al grupo. Elegí que la entrevista fuera sobre mi identidad como una persona de dos razas; sin embargo, en el transcurso de la conversación terminé compartiendo cómo ese aspecto de mi vida ha influido en mí identidad como persona transgénero. Fue una de las primeras veces que recuerdo sentirme capaz de compartir algo sobre mí como persona transgénero con un grupo ante el cual podía revelar toda la complejidad de dicha identidad: cómo otros aspectos de mi persona dificultan mi experiencia y la importancia que esto tiene para mí. Esto creó nuevos puntos de conexión y entendimiento entre personas del entrenamiento con las que no había compartido mucho hasta entonces.

Llevarlo a casa


Al concluir el entrenamiento, ambos fuimos movidos por la cantidad de aprendizaje que adquirimos y las relaciones tan profundas que entablamos con otros miembros del grupo. Aunque nuestros compañeros contribuyeron considerablemente a esta experiencia, nosotros dos fuimos capaces de apreciar como el enfoque de la educación directa también jugó un papel central en crear una atmósfera en la que pudimos tener una experiencia tan positiva.

Es significativo para nosotros que nuestra sensación de inclusión no fue el resultado de que los facilitadores siguieran alguna fórmula para trabajar con personas transgénero o con discapacidades. Varias veces, en nuestra experiencia de trabajo contra la opresión o en la educación acerca de nuestras identidades, se nos ha pedido elaborar una lista de cosas que las personas que desean se aliadas deben o no hacer. Aunque proveer algunos consejos básicos a las personas puede ser útil, el tratar de establecer reglas para la convivencia produce más daño que beneficio y simplifica demasiado las necesidades de las minorías en un grupo.

Esperamos que nuestra experiencia con el modelo de educación directa, como aquí lo hemos descrito, muestre un enfoque útil para otros facilitadores en su trabajo con grupos con participantes transgénero y participantes con discapacidades, o con cualquier grupo del margen al que quieran dar apoyo. Por último, presentamos una serie de preguntas que podrían auxiliar en la creación de un enfoque de accesibilidad e inclusión.


Cuestionario



El cuestionario consiste de preguntas con respuesta abierta, las cuales proveen significados para reflexionar. Con ellas, las personas aprenden acerca de sí mismas, identifican las áreas en las que les gustaría trabajar y crecen en su habilidad para relacionarse con otros. Las preguntas pueden ser utilizadas de forma individual o en grupo. Lo más efectivo es considerar sólo una o dos preguntas a la vez con el propósito de permitir una exploración más completa de cada área por tratar. Algunas personas y grupos encuentran útil el repasar las mismas preguntas para mantener vivos estos temas en sus mentes y en sus corazones, para darse cuenta del avance que han logrado, y para identificar nuevos temas de exploración y crecimiento. Intentamos que las preguntas que ofrecemos aquí sean un punto de partida, mas no una lista exhaustiva de lo que se debe tener en mente cuando se trabaja con personas con discapacidades y transgénero. Al final, tal vez usted encuentre útil el elaborar sus propias preguntas.

¿Sabe usted quienes son las personas que asisten al taller? ¿Les ha dado a los participantes la oportunidad de expresar sus necesidades o preocupaciones antes de iniciar el entrenamiento?

Asumiendo que las personas deciden no abrirse o expresar lo que necesitan, ¿qué estrategias puede utilizar para ser receptivo y flexible cuando las identidades del grupo emerjan?

¿Cómo puede mantener en mente las necesidades de accesibilidad de las personas con discapacidades no visibles como enfermedades mentales, epilepsia, discapacidades de desarrollo, o múltiple esclerosis?

¿Los espacios utilizados para el entrenamiento y alojamiento pueden ser ajustados y así ser más accesibles para las personas transgénero y personas con discapacidades (por ejemplo, sanitarios unisex, duchas privadas, rampas para silla de ruedas, espacios que permiten movilidad)?

¿Cuáles son sus suposiciones o miedos con respecto al trabajo con personas con discapacidades y personas transgénero?

¿Cuáles son las suposiciones o miedos que usted nota de los participantes hacia las personas con discapacidades y personas transgénero en el grupo?

¿Qué es lo que usted y el grupo pierden cuando las personas con discapacidades y personas transgénero no se encuentran presentes o cuando están presentes pero no incluidas completamente como deberían?

¿Ha considerado las maneras en que las estructuras, las imágenes, el lenguaje y las actitudes utilizadas en su trabajo contribuyen a incluir o excluir a las personas con discapacidades y personas transgénero?

¿Qué tipo de aprendizaje adicional acerca de los problemas de la identidad transgénero y la discapacidad sería de utilidad en su trabajo como facilitador o activista? ¿Existen centros comunitarios, eventos o redes de apoyo en su área que ayudarían a expandir su conocimiento? ¿Ha buscado libros o fuentes electrónicas que respondan a las preguntas que usted podría tener respecto a las identidades transgénero o de personas con discapacidades? ¿Tiene amigos o colegas que le puedan apoyar en su aprendizaje?




Jana Schroeder tiene 43 años, es lesbiana, blanca y ha sido ciega desde su nacimiento. Con 25 años de activismo, Jana ha colaborado con el American Friends service Committee y actualmente vive en Richmond, Indiana, dónde trabaja para el Earlham College. El desarrollo y el uso de sus dones para apoyar a otros a hacer lo mismo y conseguir un mundo mejor, es la tarea más aterradora y más emocionante que ella ha descubierto hasta ahora.


Nico Amador es un joven queer, meztizo y transgénero con 25 años de edad, proveniente de San Diego California. Nico es entrenador, organizador y escritor, y ha trabajado con Fellowship of Reconciliation, Critical Resistance y con otras organizaciones dirigidas a la justicia social y al desarrollo del liderazgo juvenil.


Si desea más información acerca de Talleristas por la Justicia/ Training for Change, saber más sobre su modelo de educación directa, u obtener instrucciones para algunas de las actividades mencionadas en este articulo, usted puede visitar la página www.trainingforchange.org


 


 

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